Donde las dan...las toman

Reactivando.
En ocasiones la vida presenta situaciones, casos de estudio únicos en los que no sabemos como ni cuando empiezan ni terminan. La vida es eso, situaciones planteadas en las que juega con nosotros una partida contra reloj para seguir hacia delante, hacia una muerte segura. Cada situación vivida marca en nosotros cicatrices de batalla de las que un servidor, solo sabe plasmarlas mediante el lápiz, de una manera o de otra, las obras vienen de lo más interno de cada uno de nosotros.

martes, 19 de noviembre de 2013

Lo prometido es deuda

LComo bien decia me comprometí a actualizar y tener esto un poco en condiciones y que mejor manera de empezar con una colaboración con mi amigo Antonio, un discipulo Sabiniano con un gran potencial narrativo.
La historia empieza cuando me empiezo a poner las pilas en, quizá, el hobby que mas horas me ha llevado, el dibujo. Y lo cierto que lo que siempre me ha dado más pereza ha sido ir de arriba a abajo con papel y lapiz, luego entintar, pintar, limpiar...
Y gracias a la era digital todo esto se simplifica, puedes llevar tus pinceles siempre encima y sin necesidad de ensuciar ese clásico plato de plástico. Así que me hice con un Galaxy Note y he vuelto a ponerme manos a la obra dejando volar el coco.
Asi tal fue que mi camarada me pasó uno de sus textos y me dejó el reto de ilustrarlo...
Quizá, al ser un texto oscuro, triste, desesperante, me costó menos decidirme por el tipo de color...dias tristes, oscuros y desesperantes ayudan a hacerse una ligera idea de la atmosfera que necesita el lienzo. Asi que me puse a dibujar...
Y aqui esta el resultado. Al protagonista de mi entrada, Antonio, le ha gustado asi que ya me siento mas que satisfecho, objetivo superado!!
Os dejo con el texto íntegro, muy grande, si señor!
" Todavía tengo la americana en el brazo, no me había dado cuenta hasta ahora. ¿cuanto llevamos discutiendo?
Sólo me doy cuenta de lo tarde que es cuando miro el reloj gigante que cuelga en el comedor encima de la chimenea. El reloj. Es estúpidamente grande, y se mire por donde se mire queda como un tiro. Odio los relojes, siempre metiéndome prisa y gritándome con sus pequeñas manecillas: -No llegas, no llegas!.
En ocasiones hasta creo oir risas en lugar del común tic tac. Mierda! El dichoso reloj me ha despistado, ella me esta mirando y noto como me pregunta con sus ojos qué me pasa, esos ojos que vuelven a estar ahogados en lágrimas, además, esta noche se había puesto rímel y la mezcla de sus lágrimas cayendo por su cara al entrar en contacto con el rímel hacen que parezca que llore alquitran, o quizá, si tuviese aptitudes para la poesia, diría que esta llorando tristeza líquida en estado puro.
Pero soy un imbécil. Lo único que me viene a la cabeza es que seguro que se ha puesto esa mierda en los ojos a sabiendas de que llegaría tarde, que ella acabaría llorando y de esa manera dar un puto efecto más trágico a esta situaión de por si dramática.
Como no sé que responder le digo que la quiero, pero las palabas salen sin fuerza, creo que ni yo mismo me las creo, así que no tengo muchas esperanzas en que las crea ella, he utilizado tanto estas dos palabras que creo haber agotado su significado, además, únicamente se las digo cuando discutimos, no se en que momento substituí el lo siento por te quiero.
Me averguenzo de mi mismo y las palabras me dejan un regusto amargo en la boca, desvio la mirada de ella y mis ojos se clavan en la mesa, pero ésta, con todo dispuesto y preparado para lo que tenía que ser una cena romántica en motivo de nuestro segundo aniversario de bodas, no hace más que aumentar mi sensación de culpa. Dos velas que se han consumido esperándome. Una botella de vino abierta que en realidad sé que contiene Cocacola, una pequeña broma nuestra que sólo nosotros entendemos, pues a ninguno de los dos le gsta el vino pero sabemos que toda cena romántica que se precie debe contar con una botella en la mesa. Veo que los platos son de plástico, siempre le decia antes de ir a vivir juntos que en mi casa todos los platos serían siempre de plástico para no tener que fregar nunca, ella se reía de mis tonterias, me decía que era genial y yo realmente sentía que lo era. Seguramente lo fue.
Encima de esa mesa hay lo que nos hace un nosostros, especiales y diferentes al resto. Nuestra vida. Sin embargo yo no he llegado a tiempo. Las velas consumidas me lo recuerdan, el maldito reloj gigante lo corrobora y las lágrimas negras que veo en sus ojos lo sentencian."
Antonio Fernández Ortigosa, mil gracias
Ahora a por el siguiente...

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